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Estudiantes de la Facultad de Ciencias UCSC participaron en una iniciativa de vinculación junto a Fundación Oncotapitas, que acercó el conocimiento sobre organismos marinos a niños y niñas en tratamiento oncológico. La experiencia permitió generar espacios de acompañamiento y, al mismo tiempo, acercó a los futuros profesionales a otras realidades desde la empatía y el compromiso social.
Acercar el conocimiento sobre organismos marinos a niños y niñas en tratamiento oncológico, pero también generar un espacio de encuentro capaz de interrumpir por un momento la rutina hospitalaria. Ese fue uno de los propósitos de IntegraCiencia, iniciativa desarrollada por la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) junto a la Fundación Oncotapitas.
El proyecto, ejecutado durante 2024 en el marco de los Fondos de Vinculación de la UCSC, involucró a estudiantes del Staff de Difusión de Ciencias UCSC, quienes participaron en una capacitación inicial y posteriormente realizaron tres visitas al Hospital Regional de Concepción.
La experiencia tuvo un componente bidireccional. Por una parte, buscó generar oportunidades para que pacientes oncológicos infantiles pudieran acercarse a las ciencias a través del conocimiento de organismos marinos. Por otra, permitió que estudiantes universitarios conocieran una realidad diferente a la que habitualmente encuentran durante su formación académica.
Ciencia para salir de la rutina
Antes de comenzar las visitas, 21 estudiantes del Staff de Difusión participaron en una capacitación que abordó aspectos generales sobre el cáncer y la realidad que enfrentan pacientes y familias. La instancia incorporó ejercicios y juegos de roles destinados a prepararlos para las situaciones que podían encontrar durante las actividades en el hospital. Estas capacitaciones fueron desarrolladas desde Identidad Católica de la UCSC, gracias al apoyo de Alex Muñoz y de la psicóloga Paola Aguayo, especialista en la temática de oncología y cómo abordarlo desde las infancias.
Luego vino el trabajo científico y creativo. Con apoyo de la profesora Paola Andrade y del entonces estudiante de Biología Marina Diego Silva, se seleccionaron organismos representativos de la costa de Lenga y se elaboraron ilustraciones, información y stickers que posteriormente serían utilizados en los encuentros.
La primera visita se realizó el 27 de septiembre de 2024 y estuvo dirigida a pacientes hospitalizados. Los y las estudiantes llevaron muestras fijadas de diferentes organismos y compartieron datos y curiosidades sobre ellos, utilizando la ciencia como una forma de generar conversación, curiosidad y un momento distinto dentro de la jornada.
Para Luciano Arrau, estudiante de Biología Marina, la posibilidad de trasladar parte de los conocimientos de su carrera hacia un contexto completamente diferente fue uno de los aspectos que marcó su participación.
“Como biólogo marino suelo moverme en un entorno que muchas veces no es tan cercano a este ámbito, por lo que acercar mi mundo y mis conocimientos a personas que muchas veces no lo están pasando bien fue un momento bastante especial. Esta experiencia me enseñó que algo que puede parecer un pequeño aporte de mi parte puede significar mucho para otra persona, una gran emoción o una esperanza”, señaló.
Organismos de Lenga llegaron al hospital
La segunda jornada, desarrollada el 15 de octubre, permitió trabajar con pacientes ambulatorios a través de ilustraciones científicas de cuatro especies presentes en Lenga: tiburón pintarroja, estrella de mar, erizo negro y pepino de mar. Los niños y niñas recibieron materiales para dibujar y colorear mientras conocían las principales características de cada organismo.
La experiencia continuó el 19 de noviembre con un segundo grupo de especies: borrachilla, cabrilla, pejesapo, pato lile y pancora. Esta vez, además de las ilustraciones, se incorporaron stickers que podían ser ubicados sobre una gráfica que representaba el borde costero de Lenga.
Las tres jornadas permitieron adaptar la divulgación científica al contexto hospitalario. Aunque originalmente se contemplaba la posibilidad de realizar una actividad en la Estación de Biología Marina de Lenga, las condiciones de salud de los pacientes hospitalizados y la procedencia de distintas comunas de quienes recibían atención ambulatoria hicieron difícil concretar el traslado. El proyecto se adecuó entonces a esa realidad y llevó parte de Lenga hasta los propios niños y niñas.
Tamara Morales, alumni de Biología Marina, recuerda especialmente las emociones que surgieron durante estos encuentros.
“Participar en IntegraCiencia con Oncotapitas fue una experiencia realmente gratificante y, a la vez, conmovedora. Nunca había participado en algo así y conocer a niños tan pequeños atravesando procesos tan fuertes me hizo valorar aún más este tipo de iniciativas. Muchas veces no dimensionamos lo que puede significar un momento de alegría para un niño que está viviendo una situación difícil”, comentó.
“Me quedo con sus sonrisas, con sus momentos de felicidad y, sobre todo, con la sensación de que cada pequeño gesto puede hacer una gran diferencia. Sin duda fue una experiencia que me conmovió profundamente y que voy a recordar siempre”, agregó.
La formación científica también desde la empatía
Más allá de entregar conocimientos sobre biodiversidad marina, IntegraCiencia buscó que los propios estudiantes vivieran un proceso de aprendizaje. Compartir con pacientes y sus familias permitió situar la formación científica en un contexto humano distinto al laboratorio, las aulas o las salidas a terreno.
Así lo experimentó Fabiana Contreras, estudiante de Biología Marina, quien destacó el impacto que tuvo participar de la iniciativa desde su etapa de formación profesional.
“Para mí esta experiencia fue un voluntariado en todo su sentido. Compartir con los niños y sus familias abre los ojos a otras realidades que pueden parecer lejanas como estudiante, pero que están más cerca de lo que uno piensa. Haber accedido a esta iniciativa a través de la Facultad de Ciencias te permite sentirte más humano como científico en proceso y fue realmente emocionante”, expresó.
De esta manera, IntegraCiencia permitió conectar dos espacios que inicialmente podían parecer distantes: la divulgación de las ciencias y el acompañamiento a pacientes oncológicos infantiles. Organismos característicos del borde costero de Lenga se convirtieron en una herramienta para despertar curiosidad, conversar, pintar y compartir.
Para Marlene Bastías, secretaria de Oncotapitas, la participación de la UCSC fue muy novedosa para niños y niñas del Hospital Regional, además de destacar el continuo apoyo a dos años de la ejecución del proyecto. “En realidad, todo aporte siempre es bienvenido para esta causa que es ayudar a los niños de oncología del Hospital Regional. Entonces, cada buena obra que se sume a este voluntariado se agradece. Y la participación de ustedes es súper constante. Estamos muy agradecidos. Siguen llegando voluntarios de la UCSC. Entonces, ha sido súper lindo, súper gratificante. Estamos súper contentos con el apoyo que nos han brindado”, comentó.
En esa línea, Jean Pierre Molina, especialista de la Facultad de Ciencias UCSC y responsable del proyecto comentó lo enriquecedora de la experiencia. “No hay palabras para describir todo lo vivido. Fue un regalo. Conocer las historias de tantas mamás, papás y familias, resilientes y con una sonrisa siempre, pese a la adversidad, me conmovió profundamente. Se cumplió el objetivo a cabalidad e incluso, superó nuestras expectativas”, explicó el profesional.
A raíz de esta experiencia es que en el Campus San Andrés se encuentra ubicado un contenedor, en forma de corazón, como hito final de esta experiencia.
Al mismo tiempo, la experiencia dejó aprendizajes entre quienes tuvieron la tarea de acercar ese conocimiento. La iniciativa permitió que estudiantes de Ciencias UCSC pusieran sus conocimientos al servicio de otros y comprendieran que la formación de un futuro científico también puede construirse desde la empatía, el encuentro y la capacidad de aportar, incluso mediante pequeños gestos, a la realidad de otras personas.
Texto por Alejandro Burgos, estudiante en pre práctica Facultad de Ciencias UCSC