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Encuentro sobre cuidado ambiental reunió a académicos de la Facultad de Ciencias

Por Sophia Luengo Cuevas

La instancia organizada por la Unidad de Identidad Católica de la UCSC abordó el cuidado ambiental desde una perspectiva filosófica y teológica, destacando la necesidad de una conversión ecológica, un discernimiento ético y una comprensión del mundo como casa común.

Académicos y académicas de la Facultad de Ciencias de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) participaron en un diálogo formativo en torno al cuidado ambiental desde una mirada filosófica y teológica, en una actividad organizada por la Unidad de Identidad Católica de la UCSC y presidida por Ezequiel Murga, académico de la Universidad Católica del Salvador, Argentina. El encuentro buscó profundizar en las nociones de responsabilidad, conversión ecológica y discernimiento ético, abordando las tensiones entre perspectivas más objetivistas del ámbito ambiental y aproximaciones de carácter más romántico.

Durante la jornada se destacó la importancia de comprender la crisis ecológica no solo como un desafío ambiental, sino como un problema ético que interpela a la comunidad universitaria y a la sociedad en su conjunto. En este contexto, se reflexionó sobre la necesidad de integrar estas miradas en el quehacer académico, incluyendo la revisión de los planes de estudio, la formación de los estudiantes y el fortalecimiento del trabajo interdisciplinario.

Uno de los temas centrales fue la noción de Casa Común, concepto fuertemente desarrollado en el magisterio de la Iglesia a partir del Papa Francisco. Se enfatizó que el mundo y la naturaleza deben ser entendidos como un hogar que habitamos y cuidamos, más que como un espacio a distribuir o gestionar.

Al respecto, Ezequiel Murga, explicó que “como dice el Papa, hay que entender a la naturaleza como una ‘casa común’ y obviamente como en toda casa, habitarla y cuidarla, pues ahí vivimos, ser responsable y no simplemente distribuir espacios; porque el sillón de mi casa no es el sillón de una tienda, es el sillón de mi vida, de mi historia. Entonces es otro modo de relacionarnos, el habitar de la casa. La idea de pensar el mundo, la naturaleza como un hogar, como una casa que nos acoge, que nos recibe y en ese sentido, habitarla es un modo de relacionarnos, un modo de comprenderla y también de cuidarla”.

Asimismo, se abordó cómo los protocolos y normativas ambientales, si no están acompañados de un compromiso interno y de una transformación en la forma de comprender el ambiente, corren el riesgo de convertirse en “ley muerta”. La invitación fue a avanzar hacia una conversión de la mirada ambiental, capaz de integrar dimensiones éticas, afectivas y espirituales.

La conversación también profundizó en el rol de los objetos icónicos, que, sin dejar de ser objetos, remiten a una presencia o instancia que convoca al respeto. Desde allí se reforzó que la Casa Común es un espacio que se habita, no que se reparte, lo que implica desarrollar un modo de relacionarnos con el mundo que reconozca su fragilidad y su valor intrínseco.

El encuentro fue valorado como un espacio fecundo para el diálogo, en el que surgieron ideas y desafíos compartidos para seguir trabajando en la integración de estas perspectivas al interior de la Facultad y de la Universidad.